• octubre 23, 2020 8:09 am

Mi sitio favorito en el mundo: El Winzik Center.

Hoy no vengo a hablar de ningún disco, ni de ninguna canción y sorprendente tampoco de ningún concierto… Si no de un sitio que ya es casa y quizá mi rincón favorito en el mundo. Esos de los que cruzas su puerta y tu único pensamiento es dejarte la voz y no borrar de tu retina ni un segundo de lo que ocurra ahí dentro. La imagen de la foto es donde probablemente mis pensamientos se van de vez en cuando.

Y es que pienso que cuando se apagan las luces, llega la magia y los sueños se hacen realidad.

Y es que el primer concierto al que asistí ya fue historia: fue el más grande de la historia de cadena dial, a sus 25 años. Meses después me enamoré de la más grande, Malú ¿Qué tiene que envidiar a las cantantes internacionales? Absolutamente nada. Y al finalizar ese maravilloso Tour Caos, ella misma hizo que el 17 de Diciembre de 2016 fuera el mejor concierto de mi vida. Ojalá lloviera siempre en blanco y negro. Ya queda nada para volver a soñar contigo.

Con mi madre ya he gritado varias veces a pleno pulmón “yo quiero ser guerrero”, no levantamos mecheros, pero si nuestros móviles celebrando lo vivido. Que no importa el tiempo, lo que un día fuimos quedará grabado en las cenizas en la eternidad. Ay Melendi, Melendi… Que al final he caído yo también…

También he visto a un loco soñador, acompañado de su fiel piano, llamado Pablo López, crecer. Y es que ya es leyenda. Si no existieras habría que inventarte. Sin olvidar la fantasía de verle acompañado de mi gallega favorita en el mundo, Miriam Rodríguez : sueña alto que yo te empujó.

Con la Oreja de Van Gogh no olvidamos y es que “Jueves” es una canción eterna.

Con Dani Martin mi amiga se estrenó cantando grandes éxitos y pequeños desastres. Y a nuestros 18 (o a los de su música) ¿ya nada volverá a ser como antes? .


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