Crítica |  “Wicked”: El estreno del año

Crítica |  “Wicked”: El estreno del año

Si te gusta hablar de cine con tu círculo más cercano, seguro que en las últimas semanas no se te ha pasado por alto comentar el estreno de “Wicked”. Las expectativas han hecho que colocásemos este musical muy alto incluso antes de verlo, pero, después de haber disfrutado de las casi 3 horas de película, tengo que confesar que merece la pena. ¿Todavía no has ido a verla? ¿A qué estás esperando? ¡Corre!

En primer lugar, tengo que empezar por resaltar una obviedad: la escenografía y los efectos especiales. Son una auténtica maravilla que se pueden palpar desde el mismísimo tráiler, pero que en pantalla grande ganan mucho más. Han construido un mundo fantasioso, pero totalmente original, apostando por la adaptación perfecta de los colores del film: el verde y el rosa, y la construcción imaginaria de espacios grandiosos, tanto como la Universidad de Shiz como la Ciudad Esmeralda.

Por otro lado, tenemos una trama perfectamente estructurada, la cual comienza con la esencia de un cuento de hadas, aparentemente popular, y que, según van pasando los acontecimientos de la película, se oscurece por completo. Pese a la gran duración de la película, no hay tiempo para aburrirse, pues hay tiempo de sobra para desarrollar las tramas de una forma natural.

Finalmente, hay que resaltar la multitud de denuncias sociales que posee la película. Por un lado, tenemos la más obvia: la denuncia al bulling. Pues las personas retratadas tienen miedo al diferente debido a un desconocimiento absoluto, y cuando el líder de opinión decide poner fin a las distancias, frenan su odio. También tenemos un ligero tinte animalista, con un discurso muy interesante a favor del desarrollo intelectual de los animales que sin duda tomará su mayor auge en la segunda parte. Y, para terminar, se resalta la manipulación política a través de la propaganda que recibe el pueblo. Sin duda, es imposible no ver un paralelismo de estas escenas, con otras de nuestra historia.

Laura Salas

Soy fan, luego existo

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