Un hogar es aquel lugar que es capaz de abrazarte entre sus paredes. La Sala del Movistar Arena consiguió ser precisamente eso, un lugar más que acogedor para el concierto de Agoney. Sin duda, fue un show bidireccional, protagonizado por la elegancia del isleño, pero también por un público de todas las edades que hizo de las canciones, centenares de acepciones.

Uno de los grandes aciertos de la noche, fue la puesta en escena, la cual consiguió incrementar la efectividad de las canciones. Como un buen hogar, contuvo las alegrías de sus habitantes, pero también sus infiernos, como una perfecta moneda de doble cara.
Además, presenciamos un auténtico viaje en el tiempo. Junto a Miriam Rodríguez, nos llenó de nostalgia en «Más». Consiguieron erizar nuestra piel e invitar a que las lágrimas se asomaran al balcón que suponen nuestros ojos.
Después de 9 años de carrera, Agoney siguió sorprendiendo con una voz estratosférica, que elevó a los cielos toda su discografia. ¡Larga vida!

