La historia es un conjunto de hechos pasados, que en ocasiones, tienen un romance con el presente. Con el hechizo de la Alhambra en la garganta, la Muralla de Alcalá de Henares se convirtió en un patio Andalusí gracias a la presencia de Lola Indigo en una noche de verano de ensueño.
Con sabiduría, la artista defendió la raíz, haciendo latir un poco más fuerte, si cabe, a un Lorca eterno con «Verde». Una vez más, y como siempre digo en toda crónica de la artista granadina, nos hizo creer que todo sueño se puede hacer realidad con una majestuosa casa con acento sureño.
Lola es historia de nuestras vidas, esa a la que recurres cuando quieres comprobar que sigues siendo el mismo de siempre. «Ya no quiero na», «Mujer Bruja» y «Santería» fueron una trilogía donde faltó el aliento, y sobresalió la magia del esfuerzo.
Poco después, ascendió a los cielos, con guitarra flamenca y cajón, para seguir viajando hacia dentro de nuestras almas. «La Primavera» nos recordó que hay que vivir el presente como si ya fuera pasado, y de pronto nos encontramos la gran sorpresa: Salma y Lia Kali sobre el escenario para cantar «Tus Iniciales».
Entre la rumba y ese aroma a feria, «El Pantalón» y «La Niña de la Escuela» derivaron a otra definición de la fiesta, esta vez más oscura, donde nos encontramos la colaboración con Kenia Os, «pa ti toa» o «El Tonto».
Y como toda buena fiesta, hubo traca, en «La Reina» o «Mojaita». Con la sonrisa en el ángulo perfecto, salimos olvidando el pesado ritmo de la rutina y soñando con una realidad mucho más colorida.
Gracias Lola por este «Romance de una noche de verano». No tardes en volver.
