Silencio elegante, susurros cantando, tímidos pero respetuosos, de esos que temen romper la magia del momento. Así recibió el público de Alcalá de Henares a Valeria Castro en el ciclo de conciertos de la Muralla. Sin duda, la artista derribó semejante conjunto acorazado a base de sensibilidad, como una perfecta arquera lanzando corazones.
«La Soledad» fue la canción encargada de abrir la noche, como una bajada a tierra, como versos que te hacen asentir y decir: «¿Estás cantando tu historia o la mía?, querida Valeria. Por el mismo camino siguieron «Tiene que ser más fácil» o «El cuerpo después de todo».
Valeria es capaz de convertir la inmensidad en intimidad, con un nervio sumamente hipnótico. Con una valentía única, y únicamente con su guitarra, la artista hizo magia en «Devota» o el siempre himno «Guerrera».
Y entre la definición más pura que puede existir hoy en día del amor, como es «Sobra decirte», abrazó la tierra en «La Raíz», para terminar con «Sentimentalmente» y el pensamiento de cómo puede pasar tan rápido una hora y media de concierto.
