La historia es un conjunto de círculos. La vuelta de Cabaret a Madrid nos demuestra este hecho. En un momento en el que los extremos resurgen del subsuelo, el arte intercede para ser un fiel espejo y mostrarnos la importancia de la historia. Este regreso supone una llamada de atención al público, el cual presencia un auténtico viaje que parte del festejo y la sensualidad, y termina en una estación clara: la incomodidad.
Tal y como fue la versión que se estrenó el año pasado en el Teatro Albéniz, se trata de una experiencia totalmente inmersiva, que te hace sentir un personaje más de esta historia inspirada en el Berlín de los años 30. Por lo tanto, recomiendo llegar con tiempo para disfrutar de los actores que cantan en la previa y empezar tu propio viaje acomodado en el asiento.

Sin duda, esta obra ejerce de altavoz de las historias humanas, aquellas que no se ponen rostro en los libros de historia. Con mucho simbolismo, la violencia se palpa en la interrupción de una rutina aparentemente feliz de los protagonistas por parte de un miedo atroz. Las luces, el vestuario y el sonido, son tres elementos clave para conseguir este acto. Además, de una forma muy sutil, entre canción y canción, se entremezclan sucesos históricos como los discursos de Hitler, la Noche de los Cristales o las propias cámaras de gas.
En cuanto a los actores, quiero aplaudir especialmente a Laia Prats, en el papel de Sally Bowles. La artista es fresca, muy dinámica y es espectácular su reencarnación de la desesperación de la época.
Chapó. Muy necesaria.
Si quieres saber más cosas sobre este musical, no olvides pasarte por nuestro vlog sobre el pase gráfico:
