La historia se construye en espacios con magia. Pero esta serie de hitos no se conforman con solo esto, sino que también necesitan unir a una serie de personas que remen en la misma dirección. Así fue el final de gira de Pastora Soler en el Teatro Real de Madrid: una noche en la que supimos que no se podía pestañear, pues los acordes de cada canción se tatuaron en nuestra memoria, para que dentro de unos años podamos decir aquello de «yo estuve allí y qué suerte».
La noche fue un auténtico ejercicio psicológico, como un viaje lleno de curvas que analizado con el paso de tiempo, se llega a la misma conclusión: todo paso merece la pena si se llega al autodescubrimiento y a la felicidad plena.
La artista fue una raíz bien anclada a la tierra. Comenzó homenajeando la copla, para seguir por Whitney Houston, y permitidme esta pequeña referencia a la primera película de los Javis, «La Llamada», porque sí querida Bernarda, vimos al mismísimo Dios ante nuestros propios ojos. Con apenas 4 canciones, la entrada al concierto ya se había pagado sola.
Poco a poco, un mar lleno de amor inundó la sala. Amor de ese que te duele tanto debajo de la piel que termina siendo bello. El ritmo de «Corazón Congelado» dió paso a otros temas como «Toda mi verdad». De pronto, la memoria muscular hizo acto de presencia, para mover nuestros labios ante canciones que funcionan como pilares invisibles ante nuestros oídos.
Posteriormente, llegó Eurovisión y «Quédate Conmigo». Todo en su sitio, tal y como aquel 26 de mayo de 2012: el vestido, el pelo, las luces, la intro y la voz. Y permitidme que aquí hable en primera persona, pero sentí a mí misma, aquella niña que con 12 años se enamoró de la música y entendió que con un lápiz y un papel podía relatar todo aquello que sentía. Ahora, me encuentro en la misma posición que en aquellos tiempos, y me siento orgullosa de haber crecido en paralelo a una carrera musical como la de Pastora.
A continuación, las sombras se convirtieron en luces y Pastora alzó la voz para reivindicar la salud mental. «Vive» dio paso a «La Tormenta» y casi rondando las 3 horas de concierto «30 veces» corrió el telón. Las luces se encendieron y nos dimos cuenta de que habíamos vivido un oasis inmenso en mitad de la rutina.
Una vez más, una fortuna vivirte Pastora. Gracias por hacernos partícipes de tu autodescubrimiento, pues también es el nuestro.
