Antonio Orozco comparte su energía y sus historias en el Roig Arena

Antonio Orozco comparte su energía y sus historias en el Roig Arena

Texto y fotografías: Daniela Arango

Antonio Orozco bailó y saltó sobre el escenario del Roig Arena con una energía que daba gusto ver. El 17 de octubre, «La gira de tu vida» pasó por Valencia y dejó un concierto en el que hubo mucha fuerza, pero también tiempo para hablar de asuntos difíciles y para contar una anécdota familiar que acabó poniendo a cantar al público.

Manuel Ayra fue el encargado de abrir la noche. Su actuación precedió a un Orozco que, una vez sobre el escenario, mantuvo una presencia muy física. Se movía con ganas y llevaba esa intensidad a su manera de cantar. Me gustó verlo disfrutar así, con una energía que se contagiaba al resto del recinto.

Entre las canciones hubo tiempo para detenerse y hablar. Una de las intervenciones que más me llegaron fue la dedicada a tocar fondo. Orozco mencionó la salud mental, la depresión y la ansiedad, y dejó un mensaje de superación que me pareció especialmente bonito. Escucharlo abordar esos temas después de haberlo visto con tanta fuerza sobre el escenario hizo que prestara todavía más atención a sus palabras.

Agradecí que les dedicara ese espacio. En mi recuerdo del concierto, esa intervención tiene un lugar propio. Fue un momento para escucharlo hablar de lo que cuesta atravesar una etapa difícil y de la posibilidad de salir adelante. Me gustó que durante la misma actuación hubiera sitio para ese tipo de conversación y para la energía con la que estaba cantando.

También habló de su hija Antonella. Contó cómo había conseguido que comiera y terminó invitándonos a cantar aquel «Antonella, ahhh». Una historia de casa acabó convertida en una de las partes más cercanas del espectáculo. El público se sumó y aquella pequeña frase pasó a escucharse en el Roig.

Me gustó mucho ese detalle porque permitía imaginarlo en una situación cotidiana, intentando conseguir que su hija comiera. Orozco llevó esa anécdota a un recinto enorme y encontró la forma de hacernos participar en ella. Había algo muy simpático en estar cantando todos una frase que venía de ese momento familiar.

Fue un concierto con varios cambios de ánimo. Disfruté de la energía de Orozco sobre el escenario y me emocionó lo que contó sobre tocar fondo. La historia de Antonella añadió humor y otra forma de cercanía. Todo eso tuvo espacio durante la noche, sin que las conversaciones hicieran perder fuerza a la actuación.

Del concierto me queda especialmente el Roig respondiendo a aquella llamada a Antonella. Orozco había conseguido compartir con el público una historia muy suya y convertirla en algo que podíamos cantar juntos.

DANIELA ARANGO

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