Jorge Drexler bajó del escenario y atravesó el Roig Arena para seguir cantando desde una plataforma junto a la zona de sonido, al otro lado de la pista. Quienes habían estado viéndolo desde lejos lo tuvieron entonces mucho más cerca. Fue uno de los momentos más bonitos de su concierto del 16 de octubre en Valencia.
La noche había comenzado con «Toco madera» y «¿Cómo se ama?». Después hubo espacio para canciones como «Al otro lado del río» y «Movimiento», dentro de un repertorio que fue recorriendo distintas etapas de su música. Escucharlas en el mismo concierto permitía disfrutar de las diferencias entre ellas y de cómo Drexler iba pasando de un ambiente a otro.
El público tuvo mucho que hacer durante la actuación. Drexler nos invitó a cantar y a participar en sus canciones con una naturalidad que daba gusto seguir. Me gustó su manera de guiarnos y de estar pendiente de la gente. En un recinto tan grande, esos intercambios ayudaban a sentirlo cerca incluso antes de que decidiera recorrer la pista.
Al llegar a la segunda plataforma pidió disculpas a quienes se habían quedado frente al escenario principal. Explicó que también quería acercarse a las gradas y a las personas que estaban más atrás. Allí interpretó «Las palabras». Me pareció especialmente bonito que se tomara el tiempo de explicar el motivo de aquel desplazamiento: quería compartir el concierto con quienes, desde sus sitios, lo habían tenido más lejos.
También contó su historia con Joaquín Sabina. Drexler ha explicado que abrió dos conciertos suyos en 1994 y que después recibió la invitación para tocar en España. En 1995 hizo aquel viaje y terminó instalándose en Madrid. Escucharlo recordar esos comienzos fue otra manera de acercarnos a él, esta vez a través de lo que contaba entre las canciones.
Su trato con el público fue una de las cosas que más disfruté. Había atención en la forma de hacernos participar y en el gesto de ir hasta el otro lado del Roig. Esa calidad humana que percibí tuvo mucho que ver con lo agradable que resultó la noche. Disfruté de escucharlo cantar y de escucharlo hablar.
En el tramo final sonaron «Todo se transforma», «Ante la duda, baila» y «Bailar en la cueva». El baile fue ganando espacio hasta llegar a la despedida con «Sea», acompañado por un grupo de candombe de más de treinta personas.
La agrupación uruguaya invitada llevó al escenario un desfile vinculado a la música y las tradiciones de su país. Hubo baile arriba y fiesta también entre el público. Fue un cierre muy alegre, con el candombe compartiendo espacio con las canciones de Drexler y con quienes habían ido a escucharlo. Después de haberlo visto recorrer la pista para acercarse a la gente, aquella despedida en grupo fue una forma muy bonita de terminar el concierto.

