Una estrella es aquel lugar donde los sueños de los terrestres se resguardan. Es un espacio para soñar e incluso para buscar la inspiración donde construir obras, en forma de arte, que permitan tocarla con la punta de los dedos. Estos astros acarician el alma, y en ocasiones mágicas se presencian ante los ojos de los mortales en forma de humanos. Humanos como Blas Cantó, el cual hizo feliz a su público en el Teatro Eslava de Madrid.
El artista salió con la verdad incrustada en la mirada y en los versos de sus canciones. Ejemplo de ello fue el pistoletazo de salida con «El Príncipe». Sin duda, el artista nos ofreció un auténtico viaje emocional sobre el que surcamos las olas de su carrera musical. El pasado, en forma de versos como «Si te vas» se abrazó con fuerza a su presente , como «El bueno acaba mal» o la canción que tiempo atrás abría sus conciertos: «Si te vas».
Además, este concierto fue un auténtico deleite para los sentidos. Sobre el escenario la amistad cómplice dejó actuaciones intachables con la compañía de María Parrado, Marta Soto, Yadam, Nia y Leroy Sánchez, con el que compartió su eurovisivo «Voy a quedarme».
Y tras «La cura» de nuestro alma y un ligero viaje hasta «Marte», Blas nos enseñó la belleza de ser «Complicado» y que él siempre será tan eterno como «Él no soy yo».
Gracias Blas.

