Cuando una artista con más de mil millones de streams acumulados, seis discos de platino y una BZRP Session entre los fenómenos más escuchados de España decide desaparecer durante año y medio, el silencio se convierte en la declaración más ruidosa de su carrera. Ptazeta lo rompe este jueves 26 de febrero con “Ay Amor”, una bachata pop acústica y luminosa que supone el giro sonoro más inesperado de la artista canaria. Nada de trap. Nada de gritos. Solo una guitarra que susurra, una percusión que apenas roza y la voz más desnuda que se le ha escuchado jamás.
El peso del silencio
Ptazeta cerró su último ciclo con un 2024 de vértigo: el álbum Gorgona —un trabajo de 21 canciones que consolidó su madurez artística—, el resurgimiento viral de “Trakatá” en TikTok, nominaciones a Premio Lo Nuestro, el Premio Clickers a Mejor Artista Urbano y una agenda de festivales que la mantuvo en escenarios desde el Orgullo de Madrid hasta el BigSound de Valencia. Después de todo eso, eligió parar. Desconectar. Cocinar en silencio lo que venía después.
Ese después comienza ahora. Y no suena a nada de lo que cabía esperar.
Cuando la vulnerabilidad cura
“Ay Amor” es una canción sobre el amor que aparece cuando ya dejaste de buscarlo. Ese momento en el que la guardia baja y, por primera vez, la vulnerabilidad no duele, sino que se convierte en refugio. Producida por Juacko —su cómplice musical desde “Mami”, el single con el que empezó todo en 2020—, la canción respira desde el primer acorde. La guitarra de Juanjo Monserrat —compositor mallorquín ganador de un Latin Grammy por “Tacones Rojos” junto a Sebastián Yatra— traza la columna vertebral del tema con un requinto acústico cálido y luminoso que dialoga con la voz de Ptazeta casi en susurro. La percusión apenas roza los parches, la mezcla deja espacio al silencio entre las palabras, y el resultado es una pieza donde lo que no suena importa tanto como lo que suena.
A medio camino entre la intimidad de una bachata de madrugada y la calidez de un domingo por la mañana, “Ay Amor” avanza con un pulso sereno que deja respirar cada arreglo. No hay prisa, no hay artificio: solo instrumentación real, una voz que se despoja y una producción que confía en la emoción desnuda.
El resultado es, quizás, la Ptazeta más honesta. La que descubrimos cuando cae la armadura de Gorgona, cuando el personaje descansa y queda solo Zuleima cantando sobre lo que pasa cuando dejas de pelear contra el amor y simplemente lo dejas llegar.
Un giro deliberado
No es un experimento aislado ni un capricho de estudio. “Ay Amor” es la primera pieza de lo que la propia artista define como una nueva era, un concepto que ha ido sembrando en sus redes durante las últimas semanas con un mensaje que transformó su biografía de Spotify: “El amor no es una línea recta, es un ciclo. Un ciclo de entrega, de aprendizaje… pero también es el golpe de entender que te equivocaste”. Unas palabras que dibujan un viaje más amplio del que “Ay Amor” es solo el primer destello: el capítulo donde, tras la tormenta, por fin llega la calma.
La artista que construyó su nombre sobre beats contundentes y letras sin filtro ha elegido deliberadamente lo opuesto para anunciar su regreso: suavidad, luz, acústica. Es un acto de confianza creativa que solo se permite quien ya ha demostrado todo lo demás.
“El amor también muta y nace algo más fuerte: la conciencia. Aprendes a recogerte, a ponerte primero, a sanar sin pedir permiso. Y ahí, cuando ya no mendigas cariño y te miras con respeto, el amor vuelve… distinto, más real.”
— Ptazeta

