Crecer es un verbo que asociamos a un hecho gradual. Paso a paso, los seres humanos transforman su esencia a un proyecto de mayor calidad. Al alcance de muy pocos genios está el hecho de crecer dando saltos abismales. Dentro de ellos, tenemos a Chiara Oliver, la cual hoy ha publicado su segundo EP: «La última página«.
En términos generales, este trabajo es una filosofía de vida. Con una producción muy interesante, la artista narra el mar de sentimientos que siente una persona al encontrarse con la vida adulta, cara a cara.
Chiara habla de cara. Pone nombre a los miedos y no se esconde en las hipotéticas interpretaciones de las metáforas . Ejemplo de ello es «blabla«, donde escuchamos con orgullo que la Chiara rockera se ha hecho mayor.
Posteriormente, no encontramos con «otro día«. Esa canción que sabe dar en mi puntito débil y me ha llenado de oxigeno nostálgico. Pues, ¿Quién alguna vez no ha cerrado una etapa y ha sentido el distanciamiento de las amistades hechas allí? Es tan épica como dolorosa.
El descaro nos recibe en la siguiente canción. «Tictac» es diversión con un toque internacional. Se atreve y gana.
Como una buena montaña rusa, la emoción regresa a nuestros oídos con «tulipanes«. La compositora nos enseña como cerrar con clase una relación. Pura elegancia.
El cierre final no pudo haber sido mejor elección que «cómo aprender a volar«. Mira al futuro con la fuerza de aquel que confía en sí mismo. Ella se pone sus alas y a nosotros nos invita a buscar las nuestras.

