Con la verdad por delante, aquella que sabe que no es solo suya, sino también de aquellos que saltan y corean cada canción desde la primera fila, Enol saltó al escenario de las Fiestas de Leganés dispuesto a conquistar la localidad madrileña. Sin duda, el concierto fue una subida a una alta cima de la que no pudimos descender.
El concierto fue como una conversación cara a cara con tu mejor amigo. Incluso, tuvimos una sobremesa sobre el escenario, donde el artista sacó un as bajo la manga: el acordeón. Su capacidad para conectar más allá de las letras, llegando a estar presente en los discursos, hizo que hasta aquellos que nunca le habíamos visto sobre las tablas, nos quedásemos a escucharle.
Retrató el amor con la facilidad de un catedrático para sacar acepciones de un concepto y entre salto y salto, el concierto finalizó dejándonos con ganas de repetir.
