Ir a un concierto es similar a mirarse a un espejo. Sólo que, en el marco de la mirada, no se encuentra una pupila, sino acordes sobre los que se plasma la historia de uno mismo. Anoche, Maldita Nerea contó todos y cada uno de los episodios de mi existencia en el Wizink Center.
El comienzo del show fue una mirada al pasado sobre la que se construye nuestro presente. «Por el miedo a equivocarnos», «Nunca estarás sola» y «¿No Podiamos Ser Agua?», hicieron rugir a un Wizink Center entregado desde los primeros acordes.
Poco después, un conjunto de seres extraordinarios se subieron al escenario para acompañar a Jorge Ruiz en la canción que tiene el nombre de este adjetivo. Su esfuerzo por visibilizar la discapacidad fue reconocido con vítores por parte de los asistentes.
Además, este viaje emocional abrió las puertas de par en par de los sentimientos y fuimos testigos de varias pedidas de matrimonio, entre las canciones testigo estuvo «Dos besos después» y «Estabas Conmigo».
En la recta final del concierto, vivimos una auténtica constelación de luces encenderse para orbitar alrededor del planeta tortuga en «El mundo genial de las cosas que dices». Y tras un momento de intimidad en «Siempre estaré ahí» y «La respuesta no es la huída», el concierto finalizó con un coro de niños para cantar «Inevitable».

