• julio 29, 2021 8:52 pm

Delirium Nostri

Cultura con un toque muy personal

(TBT) Animales Fantásticos y los crímenes de Grindelwald: el poderío de la magia oscura.

Las segundas partes si son buenas para esta producción.

Hace unas semanas que os traíamos la primera parte de esta nueva saga del mundo de Harry Potter: “Animales Fantásticos”. Si es cierto, que este artículo va a ser muy diferente al anterior, pues voy a dejar a un lado mi corazón hater para alabar esta segunda parte.

Comienza de aquella manera, confirmando el dicho de nuestros padres que dice que la historia está destinada a repetirse. Dos bandos, fanáticos radicales del malo y un niño que sobrevive. ¿Os suena no?

Por el contrario que la otra película, creo que las ciudades son más mágicas que una desdibujada Nueva York. Desde las alturas, muestra su grandeza, con una nieblina que presagia que algo malo está por ocurrir.

Hay una escena sumamente brutal en la que los fanáticos de Grindelwald se elevan en los cielos, que se podría reír del famoso tatuaje o la marca en el cielo de los mortífagos. Precisamente, al final de la película, tiene un parecido más que razonable con la forma de captar adeptos de los nazis formando grandes discursos, me ha producido un gran escalofrío. En forma de recuerdo, se evoca a la guerra, ¿Casualidad? No lo creo.

Al igual que en el artículo anterior, tengo que criticar a las dos protagonistas: Queenie y Tina. La primera, es insufrible, reproduce el ideal de mujer de la época, pareciendo que vive en un mundo de color rosa. Su hermana, Tina, tenía la esperanza de ver su ebullición en esta película, pero, con perdón de los más fans, me parece un pegote sin sentido.

Los animales, gracias a los dioses, se van a un segundo plano, pero, no es un ecosistema paralelo a la trama principal. Todo lo contrario, son la herramienta perfecta para la resolución de todos los conflictos en los que se introducen los protagonistas. ¡Así, sí JK Rowling!

De nuevo, Jacob Kowalski es la luz en este camino. El personaje interpretado por Dan Fogler, lleva un gran peso sobre los hombros, pues salpica constantemente la trama de puntos de humor que se agradecen mucho. Si tengo que aplaudir a otro actor, es sin duda a Eddie Redmayne, (Newt Scamander) con una expresión facial y corporal que aportan mucha veracidad a su personaje.

Por supuesto, tengo la sensación de haber vuelto a casa, con la breve aparición de Hogwarts. Los flashbacks al pasado de Newt me provocan mucha ternurita. Ojalá pasar más tiempo en la escuela para la próxima entrega.

 Cómo no, hay que destacar la elegancia de los duelos entre magos, especialmente espectacular es la final de Grindelwald con los aurores, evocándome a la de Dumbledore y Voldemort. El agua y el fuego se funden con gran armonía.

Tengo un gusanillo interior bastante grande que pide con ansias la tercera entrega, para resolver diversos interrogantes, como el futuro de Nagini, si llegará en algún momento Tom Riddle o si Nicolás Flamel pasará de ser un extra a una pieza clave. Un camino por el descubrimiento de la identidad personal que no te dejará indiferente.

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